viernes, 6 de julio de 2018

Alza del petróleo a nivel mundial

El precio del barril de crudo Brent está por encima de los 77 dólares/barril. Esta escalada, se inició a mediados de 2017, seguirá hasta poner en peligro los buenos resultados económicos de los países necesitados de comprar hidrocarburos fuera de sus fronteras. Todo, en un mercado con fuertes intereses geopolíticos de compleja explicación, donde Estados Unidos es el mayor productor hoy, seguido de Arabia Saudí y de Rusia, que ostentan el 15%, el 13% y el 11%, respectivamente, de la producción mundial. Circunstancia que se une a las inestabilidades que tanto le gusta crear al presidente Trump, que vuelve sus ojos a Irán, después de enfriar las tensiones con Corea del Norte; siempre en un conflicto comercial con Rusia y China; mientras Europa sigue sin tener una política internacional genuinamente europea. 
El incremento de la producción tiene, sin embargo, mucho que ver con la evolución de los stocks y la demanda. Cuando se mira esta combinación, de acuerdo con los datos de la Agencia Internacional de la Energía, se comprueba que, si la producción de la OPEP (con Rusia) se mantuviera constante en 2018, y si no hubiera cambios en la producción y la demanda fuera de esos países, al final del año el mundo se encontraría con un stock de unos 0,6 millones de b/d; una cifra realmente corta para responder a unas economías en crecimiento. Consecuencia que procede del desequilibrio existente entre oferta y demanda, que no tiene otra opción que ir contra los stocks; por lo que los precios, al final tienen mucho que ver con las decisiones que tomen Rusia y los países de la OPEP respecto de sus niveles de producción, ya que Estados Unidos y Canadá, no tienen capacidad para aumentar más su oferta. 
Hay que considerar además el efecto de los biocombustibles, que no dependen tanto de los juegos geopolíticos anteriores. La producción de este tipo de combustibles que, en marzo de 2010, era de unos 0,5 millones de b/d, comenzó una escalada para llegar, en septiembre de 2017, a casi 3 millones de b/d. Una circunstancia, desde luego, anómala. Lo que explica la caída de la producción de biocombustibles, en marzo pasado, en más de 800.000 b/d. Un fenómeno que dejará de respaldar precios a la baja del petróleo. 
El punto clave para anticipar la gravedad de la crisis va a ser la inflación, que —fuera de la subida esperable por el aumento de los precios del petróleo— está dirigida fundamentalmente por la evolución de los salarios. Tomando los cuatro países principales de Europa, vemos que en España e Italia los costes laborales están prácticamente en plano desde 2012, aunque hay datos que indican que en España esta situación podría estar finalizando, ya que los convenios marcan un aumento del 1,6%. En Francia se sitúan entre el 1 y el 1,5% en los últimos años, lo que nos indica que es poco probable que la inflación subyacente supere el 2% de una forma sostenida. Sin embargo, el problema lo tenemos en Alemania, que además es el país cuyas decisiones en política económica son más sensibles a la inflación. En los últimos años, tras muchos de aumentos salariales muy parcos, se están viendo en Alemania incrementos entre el 2,5 y el 2,8%, lo que hace prever que el repunte de precios del petróleo se lleve la inflación subyacente en ese país claramente por encima del 2%. Podemos anticipar, pues, que las presiones para que el BCE endurezca su política monetaria van a ser fuertes desde el lado alemán. 
En EEUU, la situación va a ser sin duda peor que en Alemania. Ya estamos viendo una inflación del 2,5% con una subyacente del 2,1%. Los salarios están creciendo al 2,9%, lo que hace prever que la subyacente irá hacia arriba con fuerza, con la consiguiente toma de medidas por parte de la Reserva Federal. 
Es decir, que muy probablemente nos veremos en una situación menos grave pero similar a la de 2006-2007, con una combinación de desaceleración económica y subida de tipos. Esto, con toda probabilidad, ocasionará una nueva crisis financiera, ya que el endeudamiento global es aún más alto y la vulnerabilidad de los deudores a una subida de tipos en el marco de una bajada de ingresos será muy grande.

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