lunes, 8 de enero de 2018

Estados Unidos: Evangélicos, Trump y el Apocalipsis

El viaje del vicepresidente de Estados Unidos, Mike Pence, a Israel fue pospuesto hace unas semanas, en medio de las protestas de los palestinos contra la decisión de Donald Trump de reconocer a Jerusalén como la capital del Estado judío. Los evangélicos estadounidenses, sobre todo aquellos que son cercanos al presidente Donald Trump, elogiaron su anuncio de que Estados Unidos ahora reconoce a Jerusalén como la capital de Israel. Pero otros líderes religiosos, incluido el papa Francisco y los cristianos que viven en Israel, expresaron su profunda preocupación de que la medida generaría disturbios en la volátil región.
Johnnie Moore, vocero de facto del grupo informal de asesores evangélicos de Donald Trump, dijo que Jerusalén era una clave de la campaña del presidente para los votantes evangélicos. El reverendo Johnnie Moore, un cristiano evangélico de 34 años, tiene más cercanía al presidente Trump que mucha gente. Durante la campaña electoral de 2016, fue copresidente de la junta de asesoría evangélica del presidente estadounidense. Moore se reunió con el presidente y su equipo "varias veces", la más reciente en diciembre del año pasado, y se comunica con la Casa Blanca regularmente. En julio del 2017, incluso publicó en Twitter una fotografía del presidente durante una oración en la Oficina Oval.
Hay un segmento del cristianismo que piensa que la creación del Estado de Israel (en 1948) fue el cumplimiento de la profecía (del fin del mundo). Cómo Jerusalén pasó de ser la sede de 16 embajadas a no tener ninguna. La profecía apocalíptica fue popularizada en un libro que fue éxito de ventas llamado "La Agonía del Gran Planeta Tierra", publicado en 1970. El libro del autor, el estadounidense Hal Lindsey, afirma que varios los eventos mundiales, incluida la creación de Israel, demostraban que la Biblia estaba en lo cierto. Para algunos cristianos, el libro de Lindsey valida sus creencias. Una de ellas es que el fin del mundo como lo conocemos, que la Biblia también predice, está cerca. Evidentemente, esta idea es más antigua que Hal Lindsey, pero él ayudó a popularizarla. El libro vendió millones de copias.
No todos los evangélicos comparten esta visión apocalíptica. Pero algunos sí, incluido un grupo llamado premilienialistas. Ellos creen en una Gran Tribulación, que es un período de guerra y destrucción, antes de que regrese Cristo y lleguen 1.000 años de paz.
Los evangélicos sí discutieron sobre Jerusalén en la Casa Blanca. Pero las discusiones, dice el reverendo Moore, fueron políticas, no teológicas. David Brog, director ejecutivo de Christians United for Israel (Cristianos Unidos por Israel), está de acuerdo con Moore. Fue una opinión geopolítica, más que teológica. "En el caso de Jerusalén, apoyamos la decisión del presidente Trump porque es un acto de justicia histórica y un reconocimiento atrasado de la realidad moderna", concluye Brog. 
Debilitamiento del proceso de paz árabe-israelí, ante las últimas declaraciones del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, declarando oficialmente Jerusalén como capital de Israel. Para los judíos-sirios, Jerusalén tiene que ser la capital de las dos naciones, por eso buscan llegar a un acuerdo entre los representantes de los dos pueblos y no como imposición de un tercero. El emprendedor Djemal, por su parte, asegura que su proyecto conecta su herencia -sirio judía- con su educación y su concepción sobre Jerusalén: un lugar que "no pertenece a ningún grupo o persona, sino al que todos pertenecemos".
Las recientes protestas en Irán han generado nuevas divisiones en la ONU entre Estados Unidos y Rusia al ser analizado el tema en el Consejo de Seguridad, en medio de reticencias por la posible manipulación política de la crisis. Estados Unidos ya había anunciado su intención de convocar la reunión de este viernes, alarmado, según su embajadora ante la ONU, Nikki Haley, porque en la represión de las manifestaciones se estuvieran violando los principios de la Carta de la ONU. La cita se ha llevado a cabo, pero se ha cerrado sin resoluciones específicas, en una sesión de hora y media que ha servido, en esencia, para que Estados Unidos atacara a Irán y que Rusia y otras naciones atacaran a la Administración de Donald Trump. Aunque en un principio se analizó la posibilidad de someter a votación si el Consejo de Seguridad era el foro adecuado para analizar este tema, al final no fue necesaria esa votación previa, y la sesión se celebró a puerta cerrada.

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