miércoles, 14 de marzo de 2012

Piratas somalíes: Terror de los 7 mares

Los piratas somalíes son jóvenes de zonas pobres de Somalia. Las cuantiosas sumas de rescate pedidas rondan entre los 250.000 y el millón de euros. De acuerdo al testimonio de uno de los saqueadores, fue la acaparación de la pesca por parte de barcos extranjeros lo que incitó a involucrarse en el crimen. En cuanto a lo robado, se asevera que es distribuido «con justicia». Además de pescadores, las bandas las integran ex combatientes y técnicos expertos en aparatos de última tecnología. Hasta abril de 2009 se calculan unos 1500 individuos implicados en el pillaje, a diferencia de la centena estimada hace siete años. Generalmente los ataques son realizados por un pequeño grupo (de siete a diez individuos), y en rápidos botes con motores fuera de borda, que usualmente parten desde una nave nodriza; aunque, una vez realizado el abordaje, permanecen unos 50 piratas en la nave, y una suma similar espera en la costa por cualquier eventualidad. Entre el armamento utilizado en las embestidas se encuentran fusiles AK-47, ametralladoras PKM y lanzacohetes RPG-7. En sus operativos se emplean teléfonos satelitales y GPS. El asalto al barco es efectuado sujetándolo con ganchos (algunos impulsados a manera de proyectil), para después trepar con cuerdas y escaleras. También, a manera de disuasión, los piratas optan por atacar previamente al objetivo para forzarlo a parar y así abordar con facilidad.
Piratas capturados por una unidad de la Task Force 151. El poblado de Eyl se ha desarrollado gracias al beneficio que indirectamente recibe de los despojos, pues se ha convertido en centro de las actividades piratas. Los habitantes no son extraños a las últimas innovaciones tecnológicas ya sea en celulares, laptops o automóviles. Incluso restaurantes han sido acomodados para los secuestrados. Entre los involucrados hay quienes se especializan en las negociaciones y otros ejercen de contadores. Un traductor puede ganar unos € 5000 por subirse a un barco y conversar con los rehenes. El flujo de dinero por los cuantiosos rescates ha resultado en una vida ostentosa para los piratas, pues les permite construir nuevas casas y tener dos y hasta tres esposas. Por el contrario, todo esto ha resultado en el encarecimiento de la economía local por el alto monto de dólares que varía las tasas de cambio de moneda; aparte de que el poder de compra motiva al consumo de drogas —entre ellas el khat— y el alcohol. Con todo, se especula que los más favorecidos en el lucro son los jefes de milicias, que dominan parte del país, y los financistas de estos operativos, que residirían afuera de Somalia. Por otro lado, a través de una información emanada de Cadena SER de España en mayo de 2009, se ha conjeturado que los bandidos recibirían apoyo de inteligencia desde Londres en cuanto a la elección previa de sus presas. Testimonios recabados de los mismos piratas denotan cierta organización entre los involucrados. Tales revelaciones indican la existencia de un supuesto concejo de jefes oculto entre las montañas de Eyl que dirimiría las diferencias surgidas entre los grupos. Asimismo, un sistema de normas regularían las operaciones piratas en base a ciertos aspectos como el respeto a los rehenes tomados de los barcos, la prohibición del hurto dentro de la nave, penas de ejecuciones sumarias a quien atente contra un compañero, premios a quien aborde primero la nave (que podría ser un automóvil, una casa o esposa). Este nivel de ordenamiento les diferenciaría de las extremistas milicias locales.
El Consejo de Seguridad de la ONU adoptó una resolución que permite a los buques de guerra perseguir y destruir a los piratas en aguas somalíes. La Unión Europea autorizó la primera operación naval el 2008 de su historia para luchar contra esta amenaza. La cual ha tenido algunos resultados exitosos, ya que los piratas somalíes han logrado burlar a la flota de la OTAN. La Quinta Flota, de Estados Unidos, desplegada en golfo de Adén y canal de Suez, tampoco ha podido detener a los piratas. Parece inverosímil pero los aviones sofisticados con radares no pueden detectar todo lo que se mueve, principalmente pequeñas lanchas llenas de sujetos armados con ametralladoras.

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