jueves, 25 de marzo de 2010

Escándalos sexuales sacuden Iglesia Católica

Desde Irlanda a Alemania, las numerosas víctimas europeas de abuso sexual de menores en la Iglesia Católica rompen con los tabúes y obligan a las autoridades religiosas a enfrentar sus problemas. Irlanda fue el primer país europeo donde se enfrentó la práctica de la iglesia en todo el mundo de proteger a los sacerdotes pederastas ante la ley y el escarnio. Ahora otros países europeos están lidiando con el legado de abusos de niños. El escándalo es especialmente doloroso en Alemania, la tierra natal del papa Benedicto XVI. Con las nuevas denuncias en Holanda, Austria e Italia, los analistas y clérigos se preguntan hasta dónde llega el escándalo, cuál será el próximo país en sumarse y si habrá una ola de demandas judiciales que obligue a las diócesis a declararse en quiebra como sucedió en Estados Unidos. Las denuncias en Irlanda, un país de cuatro millones de personas, ya son más de 15 mil. Tres investigaciones del gobierno conmocionaron y repugnaron a la nación. El estado pagó la mayor parte de las compensaciones legales de cerca de mil 500 millones de dólares. Las denuncias se iniciaron en Alemania y ahora han aparecido nuevos casos en España y Polonia.
En enero, una escuela jesuita de Berlín declaró que sabía de siete casos de abuso de niños ocurridos allí y designó a una investigadora para buscar testimonios de víctimas. En pocas semanas, encontró a más de 100 ex alumnos que dijeron haber sufrido abusos de los jesuitas y a 60 más que acusaron a párrocos. La gran cobertura de los medios alemanes sobre el escándalo en Irlanda pudo haber motivado las averiguaciones.
En las últimas semanas, nuevas denuncias de abuso se han conocido casi a diario en Alemania y llegaron a la tierra del papa, Baviera, y al coro de niños de Regensburgo dirigido por el hermano del pontífice. Benedicto XVI, entonces Joseph Ratzinger, fue arzobispo de Munich entre 1977 y 1982 y ahora hay cuestionamientos sobre qué papel cumplió en la transferencia a nuevas parroquias de curas pederastas que no fueron denunciados ante las autoridades. En Holanda, Bert Smeets, un ex alumno de un internado católico de 58 años, encabeza una campaña en busca de castigo a los culpables de abusos. Creó la organización de víctimas Mea Culpa, que recogió testimonios de cientos de víctimas y evalúa presentar una demanda colectiva contra la iglesia holandesa.
El Vaticano no encontró elementos que demostraran que Marcial Maciel, sacerdote mexicano fundador de los Legionarios de Cristo, incurrió en abusos sexuales, como se le acusa en México, aseguró la congregación, versión que cuestionó uno de los denunciantes. "No hay ningún proceso canónico en curso, ni lo habrá, respecto a nuestro fundador, el padre Marcial Maciel. El siempre ha afirmado rotundamente su inocencia", dijo Rafael Jacome, vocero de los Legionarios, en entrevista telefónica desde Roma con la emisora W Radio. Sin embargo, en declaraciones a la misma emisora, Fernando Pérez Olvera, uno de los denunciantes, puso en duda que se haya cerrado el caso del padre Maciel, ya que "esta información tendría que darla directamente El Vaticano a los medios, no a los Legionarios de Cristo". Cinco meses antes de que el cardenal alemán Joseph Ratzinger se convirtiera en el Benedicto XIV, el ahora pontífice había ordenado investigar de nuevo las denuncias de pedofilia contra el sacerdote mexicano Marcial Maciel, quien en 1998 fue acusado de abusar sexualmente a jóvenes seminaristas. El padre Maciel, ahora de 85 años, estuvo al frente de la organización Legionarios de Cristo, y hoy protagoniza uno de los mayores escándalos sexuales de la Iglesia Católica en América. Los seguidores del controvertido cura, por su parte, hacen campañas de apoyo para limpiar la honra de su líder.
Bajo la avalancha de reacciones está el hecho de que, para muchos alemanes y católicos de todo el mundo, este escándalo (Europa y América Latina) no solo saca a la luz terribles historias de abusos, sino que evidencia que la Iglesia lleva décadas protegiendo a los que cometen estos delitos anteponiendo su imagen pública al bien de sus fieles. El escándalo no solo ha sacado a la luz problemas internos de la Iglesia, sino que ha abierto otros frentes como la necesidad de ampliar el periodo de prescripción de estos delitos (ahora son 10 años después de que la víctima cumpla la mayoría de edad) o la necesidad de exámenes psicológicos a los aspirantes a formar parte de la Iglesia.

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