lunes, 10 de noviembre de 2008

Legado del gobierno de George W.Bush

Barack Obama y su equipo tendrán que estudiar las posibles soluciones a los enormes problemas que le deja la mala administración de George W.Bush para los próximos 4 años. Uno de los problemas más apremiantes que enfrentará el nuevo presidente de EE.UU. es la crisis económica y el déficit que dejará en las cuentas del estado el mandatario saliente. Cuando Bush asumió el poder heredó US$651 mil millones de superávit, pero lo deja con un déficit presupuestario récord de US$483 mil millones de dólares, sin tomar en consideración el paquete de estimulo económico de US$700 mil millones de dólares. Pero no sólo hay que preocuparse por el déficit. Obama tendrá que buscar una manera de estimular el crecimiento económico y devolver el optimismo a los consumidores estadounidenses que han dejado de consumir, acosados por la inseguridad laboral y el temor de que las cosas sólo puedan empeorar. Las estadísticas no mienten. Según cifras oficiales, el gasto de los consumidores, que en EE.UU. representa más de dos tercios del PIB, cayó en el último trimestre 3,1 por ciento, la primera disminución en 17 años y la mayor en 28 años. Y como si fuera poco, la caída de 6,4% en el consumo de bienes no duraderos fue la mayor desde 1950.
La Guerra en Irak y el futuro de las tropas estadounidenses en ese país. Funcionarios de la administración Bush han estado negociando un acuerdo con Bagdad y aseguran que todo avanza con fluidez, pero es poco probable que logre completar el pacto ante de marcharse. La posición de Obama frente a Irak es la de una retirada ordenada y responsable. Pero Irak no es el único frente abierto. Afganistán sigue siendo una zona de fuertes combates. Como candidato, Obama no descartó enviar mandar más tropas a ese país para controlar la situación. El problema es que el ejército estadounidense está al límite de sus capacidades y sus aliados de la Organización Tratado Atlántico Norte, OTAN, no parecen dispuestos a enviar más soldados a esa región, a pesar del resurgimiento del movimiento talibán y la consolidación de organizaciones relacionadas con Al Qaeda.
A largo plazo, la mayor tarea que el gobierno de George Bush deja a su sucesor será la de restablecer el prestigio estadounidense frente a sus aliados. El mal sabor que deja la actual administración por la guerra en Irak puede obstaculizar la manera en que Washington tendrá que lidiar con Irán y con Siria. El proceso de paz en Medio Oriente está estancando y para colmo, las relaciones con Rusia se han deteriorado, aunque eso no tenga que ver directamente con Bush. Con respecto a América Latina, el presidente Bush asegura que las relaciones mejoraron, pero la realidad es que se rompieron muchos puentes de comunicación y la tensión con Venezuela se tradujo en el retiro de embajadores. Lo mismo sucedió con Bolivia. Bush ha dejado pendiente los tratados de Libre Comercio con Colombia y Panamá, ya que nunca logró que el Congreso los aprobara. Con estas promesas incumplidas, incluyendo la reforma migratoria, se encontrará Barack Obama a partir del 20 de enero.
La peor herencia de Bush, según la organización en defensa de los derechos humanos Human Rights Watch (HRW), es la cárcel de Guantánamo. "Por ocho años la administración Bush afirmó que promovía la democracia y la libertad, pero su política abusiva disminuyó la autoridad moral de EE.UU. e impuso un ejemplo negativo", señaló Kenneth Roth, el director de HRW. Además de cerrar Guantánamo, donde cientos de personas fueron detenidas por años sin una acusación formal, los grupos de derechos humanos piden que se rechacen las prácticas que se instauraron durante el gobierno de Bush con respecto a la tortura y a las "detenciones secretas" que efectuó la Agencia Central de Inteligencia (CIA). Ante este panorama, muchos afirman que el legado más positivo que deja el presidente a su sucesor será precisamente su ausencia.
Bush cuenta con sólo 23% de aprobación, el nivel más bajo en la historia de la encuestadora Gallup y un punto por debajo del que tenía Richard Nixon cuando dimitió por el escándalo Watergate. Obama llega al poder con una popularidad que, por ahora, se antoja arrolladora.

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